
Así como esta puerta sin color se volvieron sus recuerdos en su vida...
Caminaba por la vida acompañada de mi marido y nuestros dos hijos, sin preocupación alguna. Con una bolsa repleta de sueños, sonrisas esparcidas en los rincones de casa, amándonos en cualquier momento y lugar.
Se caían los besos de nuestras bocas y las sonrisas sonaban como melodía dentro de nuestro hogar.
El sol entraba por la ventana cada mañana sin preocupación y las rosas crecían dando su aroma a nuestro patio, como si todo estuviera en calma.
Pero se entretejía en nuestras vidas, en silencio una enfermedad, que ya no nos dejaría sonreír de la misma manera.
Llegó despacio, pero se instalo en nuestra puerta, y ahora nos damos cuenta que nadie se dio cuenta de su presencia.
Decíamos, es la edad, la soledad, sus ganas de llamarnos la atención, pero más que eso, se apoderaba de su cerebro cada día, hundiéndola en un pozo depresivo.
Nos mantuvimos, a un margen observando como acudía a nuestro hogar y nos cambiaba la vida.
Los comienzos son tan sutiles que una nunca se percatan hasta que es tan evidente que todo el mundo pierde la calma. Y sin embargo se consigue a fuerza de costumbre, de conocerla, de acomodarse y convivir con "ella", pues aunque parezca que no da tregua siempre la esperanza, la sonrisa, siempre Dios, la vida, deja respirar en muchos más momentos de los que una cree.
ResponderEliminarMe encanta que escribas esto. Gracias.
Un deleite pasar por tus líneas.
ResponderEliminarAbrazotes Gaviota.
beto
Gracias hermanita, por tus palabras, gracias Beto por estar siempre presente, sé que mi hermanita te tiene al tanto como estoy, nadie más que ella sabe por lo que estamos pasando, gracias por su apoyo, besos
ResponderEliminarGracias Beto por estar a mi lado, un abrazo amigo
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